Mujeres de oro y de plata

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Mujeres de oro y de plata

Ellas han ganado la gloria, pero nosotras hemos ganado con ellas, recibiendo un empujón, un baño de fortaleza, una mano tendida para avanzar sin miedo.

Columna
Neisi Dajomes y Tamara Salazar.Teddy Cabrera

Hay un chiste que circula estos días y dice: “¿Alguien sabe dónde venden esos cintillos que sirven para levantar pesas?¨. Más allá de la risa, nos queda claro que es una forma de hablar de Neisi Dajomes y Tamara Salazar, nuestras mujeres de oro y de plata que han pasado a la historia como las primeras campeonas olímpicas, siguiendo la senda de la halterofilia femenina que abriera en Ecuador la icónica esmeraldeña Alexandra Escobar.

Casi puedo imaginar a las diseñadoras de moda locales pensando en popularizar los turbantes, como de alguna manera lo hiciera en Colombia la exsenadora Piedad Córdoba, quien reconoció en su momento ancestros africanos. Los padres de Neisi también son colombianos. Huyeron de la guerrilla y la violencia política y se refugiaron en la amazonia ecuatoriana, en la parroquia Shell del cantón Mera, en la provincia de Pastaza. La madre de Neisi murió en 2019. A ella y su hermano les dedicó el triunfo.

Verla por televisión desde Tokio, llorando, gritando y saltando al saberse ganadora, con su cintillo tricolor, despertó al Ecuador entero que no cabía de orgullo.

Al día siguiente, cuando la marea de emociones no había bajado, la también pesista Tamara Salazar, oriunda de Carchi, alcanzaba el podio con medalla de plata. También usaba cintillo, amarillo. Tanto Tamara como Neisi se veían bellas, radiantes, coquetas. Habían competido maquilladas, con argollas metálicas y uñas pintadas. ¨…el hecho de que las mujeres levantemos pesas, no significa que perdamos nuestro espíritu femenino y mucho menos de niñas…¨, dijo Neisi, validando el espíritu de una niña a quien se crio libre de la marca que aún existe: que ellas son del color rosado y los niños del celeste. Que ellas pueden llorar y ellos no. Que ellas son escogidas y difícilmente pueden escoger. ¡No más!

Desde 1984 la halterofilia, como deporte olímpico, abrió oficialmente sus puertas a las mujeres. El primer campeonato mundial femenino se realizó en 1987, cuando Alexandra Escobar tenía 7 años de edad. Tendrían que pasar casi 2 décadas para que ella debutara en unos Juegos Olímpicos.

Alexandra reemplazó a Neisi en la inauguración de las olimpiadas de Tokio como abanderada, por un falso positivo en Covid-19 que la obligó a retrasar su llegada. Perdió peso, pero no se permitió flaquear. Era parte del más grande equipo olímpico ecuatoriano: 48 participantes, 30 mujeres.

Aquella madrugada de la competencia, en Shell pocos dormían. Después de todo es la cuna de ‘los pesistas Palacios’: Javier, el primero que se dedicó a ese deporte (murió en un accidente en 2018.) Neisi, quien empezó a los 11 acompañándolo por curiosidad; y la hermana menor, Angie Palacios, hoy con 20 años y un sexto lugar en su categoría en estas Olimpiadas. Sus apellidos distintos tienen que ver con un viaje inesperado de Neisi a los 12. Necesitaba un pasaporte y la firma de su padre. Al estar fuera del país, la madre le puso sus apellidos…

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¿Nueva oportunidad?

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El Comité Olímpico solo permitió desde Ecuador cuatro participantes femeninas en halterofilia para Tokio. Tres de ellas regresan con oro, plata y diploma. Como si la gloria no fuese suficiente, a sus logros se suma Mónica Amboya, la primera árbitra ecuatoriana en futbol. No usa cintillos pero si uniforme, botines y medias hasta las rodillas.

Ellas han ganado la gloria, pero nosotras hemos ganado con ellas, recibiendo un empujón, un baño de fortaleza, una mano tendida para avanzar sin miedo. Como diría la filósofa Ayn Rand, ¨la pregunta no es quién me lo va a permitir, sino quién va a detenerme¨.

PD. Con eterna gratitud a nuestras mujeres de oro y de plata.

La pausa

... que ellas son del color rosado y los niños del celeste. Que ellas pueden llorar y ellos no. Que ellas son escogidas y difícilmente pueden escoger. ¡No más!