El desangre

  Columnas

El desangre

Por primera vez en su historia, el número de latinos detenidos en la frontera sur de EE. UU. supera los 2 millones de personas, 30 % más que el 2021...

Siendo Latinoamérica una región que suele ir por donde van los vientos, conviene recordar el sitio al que llevan. EE. UU. está por cerrar un año fiscal y con él se entregan cifras de sus movimientos. Hay uno que nos atañe a los latinos, tan dados a las modas y a seguir malos ejemplos: por primera vez en su historia el número de detenciones que ha realizado el país de Martin Luther King y Michael Jordan en su frontera sur, supera los dos millones de personas. Al final del mes serán 2 millones 300 mil, un 30 % más que el 2021.

Esta cifra es más preocupante porque el número de mexicanos que buscó entrar ilegalmente a EE.UU. se redujo a la mitad. Si el ‘cliente’ habitual del cruce fronterizo por el río Bravo disminuye tanto, ¿qué hizo que la suma global se disparase? El grueso de los ‘mojados’ ya no es mexicano: es de Venezuela, Nicaragua y Cuba.

Tomemos nota. Los regímenes totalitarios de esos países, gobernados por dictadores cuyos fines son perpetuarse en el poder y saquear la riqueza pública, expulsan a millones de desamparados que intentan una nueva vida en otro país. Y coincide con medidas crecientes de represión que están aplicando para frenar el disenso y evitar la proliferación de voces que condensen el desencanto popular.

Es la herencia de líderes que llegan en volandas para romper antiguas inequidades, pero ni bien huelen las mieles del poder se transforman en vampiros. O se sacan la careta, que no es lo mismo… pero es igual.

Algo similar pasará con los salvadoreños, que andan extasiados por ese remedo de Donald Trump que tienen como presidente, Nayib Bukele, que como todo publicista es un poco (o bastante) demagogo. Irá a la reelección pese a que su Constitución lo prohíbe.

Tiempo al tiempo. Hugo Chávez era Dios, como alguna vez lo fue Fidel Castro. Daniel Ortega fue un guerrillero heroico y ya lo ven: sátrapa de leyenda. Cuba, Venezuela, Nicaragua… y espero equivocarme con El Salvador. Latinoamérica es una herida abierta que no logra coserse a sí misma. Legiones de expulsados que dejan hasta su piel en el intento por vivir con dignidad, solo son la tristísima marca de su desangre.