La debacle de Catar

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La debacle de Catar

...decenas de reporteros levantan contenidos en redes y muestran autenticidad. Y respeto por los hechos. No les importa todo lo que huela a impostura...’.

No, no me refiero a la de la Tri de fútbol, para mí eliminada con decoro. De esa hablarán (todavía) los ¿periodistas? deportivos, que son capaces de despedazar o de ensalzar, según amanezca su hígado.

No. Me refiero a un modo nefasto de entender el periodismo. El viejo sistema de coberturas se ha derrumbado como suelen hacerlo los imperios: violentamente. Las huestes lamparosas de las grandes cadenas fueron minimizadas por creadores de contenidos que les recordaron las bases del oficio: rigor, cercanía, innovación, frescura. Y cuando es opinión, fundarla en datos.

Que no se les olvide: da-tos.

Algunos destellos del nuevo panorama: por primera vez la FIFA transmite en vivo (’streaming’, para los amantes del inglés) todo el Mundial en su propia plataforma digital. Por primera vez un periodista independiente, el brasileño Casimiro, 29 años de edad, compró los derechos y transmitirá 22 partidos desde sus espacios en Twicht y YouTube con 6 millones de seguidores (’followers’); del resto tendrá cápsulas de lo mejor (’highligths’). Comparte panel con leyendas como Marcelo y Juninho Pernambucano.

Y otras primeras veces: decenas de reporteros levantan contenidos en redes y muestran autenticidad. Y respeto por los hechos. No les importan la corbata, el maquillaje, la minifalda y todo lo que huela a impostura. Como debe ser. Huyen del ciberanzuelo (’clickbait’) porque no lo necesitan: hablan con los protagonistas y no los torturan con preguntas tontas o indebidas. El periodismo tradicional hizo del fanatismo y la falsedad su bandera… y hoy tiene su merecido: Dani Alves llama “basura” al portal Marca, y Lionel Messi habla por WhatsApp con Ibai Llanos, un genial realizador de transmisiones en directo, que le da lo que esa prensa no tiene: credibilidad.

Y para el final, la maravilla: Luis Enrique, seleccionador de España, clava una estocada mortal a todos los horrendos Chiringuitos al transmitir en directo (’streamer’) lo que se le cante, sin pasar por el filtro de los impresentables.

No. No es el periodismo el derrotado en Catar. Es una forma de entenderlo que ha sido funesta y malintencionada. Merece morir sin honores. Y ojalá lo haga pronto.