María Brown, cómplice de Iza

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María Brown, cómplice de Iza

25 años de educación intercultural bilingüe en el Ecuador no han arrojado un ‘corpus’ de conocimientos suficientes para producir un libro de texto decente para cuarto grado

¿Se preguntó la ministra de Educación, María Brown, en la cresta del entusiasmo pluricultural que la sacude, cuántos libros quichuas hay en el Ecuador? Parece una simpleza, ¿verdad? Sin embargo, llevamos casi un cuarto de siglo conviviendo con ese experimento llamado “educación intercultural bilingüe”, los dirigentes indígenas reivindicándolo y el resto de la sociedad aplaudiendo como focas, los gobiernos dictando políticas públicas y los académicos de las escuelas de posgrado pontificando maravillas en su nombre, y a nadie se le ha ocurrido siquiera plantearse algo tan básico. Hasta una universidad, la Universidad Intercultural de las Nacionalidades y Pueblos Indígenas Amawtay Wasi, ha sido consagrada por la Asamblea que ostenta el mayor número de analfabetos en la historia mundial del parlamentarismo. Una universidad indígena y… ¿Cuántos libros en idioma quichua? ¿Sobre qué materias? ¿Con qué grado de especialización?

A la ministra Brown, desde luego, no le importa: ya no es problema suyo. Ha hecho un paquete con el sistema intercultural bilingüe entero, con su universidad y sus 1.736 escuelas y colegios, sus 9 mil docentes, sus 151.838 estudiantes y sus 133’255.384 dólares de presupuesto y se lo ha entregado a la Conaie de Leonidas Iza para que haga con él lo que le dé la gana. Con “autonomía completa, orgánica y política”, dice el acuerdo que acaba de firmar. Luego se para ante la prensa y con balbucear “multiétnico y pluricultural” cree estar quedando como princesa.

Lo cierto es que libros, lo que se dice libros, con excepción de la Biblia, la Constitución (si es que clasifica), las consabidas gramáticas y diccionarios quichuas y los más que deficientes manuales escolares, no hay ninguno digno de mención. Se habla de sabiduría ancestral pero nadie ha hecho el esfuerzo de ponerla en negro sobre blanco: se sabe que hay profundos conocimientos herbolarios transmitidos oralmente de generación en generación, por ejemplo, o interesantes materiales de etnomedicina o etnoastronomía pero ¿dónde están recogidos y sistematizados y comentados para provecho de los estudiantes? 25 años de educación intercultural bilingüe no han arrojado un ‘corpus’ de conocimientos suficiente para producir un libro de texto decente para cuarto grado; ni siquiera han logrado instituir (cosa elemental en un sistema que se dice bilingüe), no ya una escuela de traductores, que sería pedir demasiado, sino por lo menos un plan para volcar al quichua ciertos textos fundamentales. Uno al año. ¡Uno cada tres años! ¡Algo! Pues nada, cero. ¿Quién va a escribir, quién va a traducir en un sistema educativo en el que nadie lee? Sin embargo, se está levantando una universidad... ¡Sin libros!

Esto es así porque la educación intercultural bilingüe, tal como está concebida y ha sido administrada, no es un proyecto educativo: es una reivindicación y una herramienta políticas. ¿Qué hace el populismo étnico con un sistema de educación que no garantiza el ingreso de sus estudiantes a la universidad? Crea su universidad propia, se desconecta de la comunidad del conocimiento y se aísla en su propia ficción identitaria. Es obvio que la Conaie de Leonidas Iza no está interesada en la búsqueda de la excelencia sino en la legitimación de la mediocridad. Y en el adoctrinamiento ideológico. Y precisamente a esa Conaie ha entregado María Brown la rectoría del sistema de educación intercultural bilingüe. Porque para ella, lo mismo que para Iza, se trata de una movida política. La suerte de esos 151.838 estudiantes que se ha sacado de encima, hay que ser sinceros, le importa un carajo.