Columnas

Un hogar para Cristo

Puede decir más, son cincuenta años. ¡Gracias Hogar de Cristo por estos 50 años de amor!

Un doce de junio Hogar de Cristo entregó su primera vivienda. Sucedió en Mapasingue, a don Francisco Cano, de 74 años, quien aún aun vive ahí pero ya con una casa de cemento. Él recuerda con agradecimiento al padre Paco García, jesuita fundador de Hogar de Cristo en Guayaquil, y emocionado se refiere a él así: “ese jesuita me sembró humildad en el corazón, me enseñó una gran lección”.

De esto han pasado 50 años y transcurrido una santa historia de empuje de varios jesuitas y laicos que han protagonizado fraternidad y ayuda para que esta obra no se detenga.

¿Sus viviendas son de Cristo o para Cristo? Reflexión que planteo de la mano del recuerdo de Alberto Hurtado, fundador de Hogar de Cristo en Chile, jesuita y quien fuera abogado, pero quien además fue un ser humano que no desconoció la crisis social y la migración en Chile y que exclamó: “Cristo vaga por nuestras calles en la persona de tantos pobres, enfermos, desalojados de su mísero conventillo. Cristo, acurrucado bajo los puentes, en tantos niños que no tienen a quien llamar padre, que carecen hace muchos años del beso de la madre sobre su frente... ¡Cristo no tiene hogar! ¿No queremos dárselo nosotros?”.

Alberto Hurtado fundó Hogar de Cristo en 1945, y en Guayaquil, el padre Paco en 1971.

Desde hace algunos años el padre Eduardo Vega, SJ, lidera Hogar de Cristo en Guayaquil. Es su actual presidente. Un jesuita que se cuestiona a cada momento hasta dónde se puede avanzar para aliviar los efectos de la pobreza y exclusión, con el corazón abierto al legado de Alberto Hurtado, un legado que se mantiene vivo en cada mirada y en aquella visión capaz de ver que aquel Dios en el que creemos no es más que la verdad del dolor al que estamos llamados a aliviar. No son palabras, no. Hogar de Cristo puede decir que en esta crisis por la pandemia ha podido acompañar y fraternizarse con más de cuatro mil familias en Monte Sinaí para que no pierdan sus casas, sus hogares, por solo una cuestión de dinero. Puede decir más, son cincuenta años.

¡Gracias Hogar de Cristo por estos 50 años de amor!