Debajo del asfalto

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Debajo del asfalto

Las estrategias son varias y pasan por hacer intervenciones puntuales, que demanden poco tiempo de ejecución y que sean de bajo costo’.

Durante las revueltas del ya lejano mes de mayo de 1968 en Francia, se animaba a los manifestantes a que arrancaran los adoquines de la calle y los arrojaran a la policía bajo el lema: “Bajo los adoquines, hay una playa”. Lo que era hace más de cuarenta años un llamado contestatario se convierte hoy en una demanda ciudadana.

Hay muchas ciudades que están planteando proyectos y acciones de recuperación de las calles bajo la premisa de recuperar terreno al asfalto. Los objetivos son, al menos, cuatro: uno, tener una ciudad más amable y con más espacio para el peatón; dos, reducir el protagonismo del automóvil como eje central de una mal llamada planificación; tres, tener una ciudad con más áreas verdes; y, cuatro, recuperar la permeabilidad de la ciudad.

Las estrategias son varias y pasan por hacer intervenciones puntuales, que demanden poco tiempo de ejecución y que sean de bajo costo. Estas, enmarcadas bajo el nombre de urbanismo táctico, se realizan con pintura y elementos móviles -como conos- y son intervenciones temporales (incluso reversibles) que, al momento de contar con más recursos, se convierten en definitivas. Así lo han hecho ciudades alrededor del mundo como Nueva York, Berlín, Toronto, Ciudad de Panamá, Bogotá o Ciudad de México.

Hay otras intervenciones orientadas a revertir un proceso que ha causado que nuestras ciudades se vuelvan impermeables y, por tanto, sujetas a constantes inundaciones al haber cubierto el suelo con asfalto y cemento y haberle hecho perder su capacidad absorbente. Las soluciones que se plantean para remediarlas suelen ser de altas dificultades técnicas y muy costosas, cuando se pudiera suplantar, en ciertos casos, estas superficies por otras permeables con el fin de que a través del suelo se absorba el agua de las lluvias. Además de ampliar las superficies verdes de la ciudad.

No es tan difícil hacerlo, siempre y cuando haya la suficiente sensibilidad y voluntad política, además de la necesaria presión ciudadana. Como también coreaban los estudiantes en las calles de París en 1968: “Seamos realistas, pidamos lo imposible”.