La soledad del presidente

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La soledad del presidente

Nadie más es tan perseguido por aduladores, curiosos y enemigos que les arrebatan el poder compartir cualquier compañía íntima.

Los que alcanzan el poder sin dejar de conservar un poco de corazón y de consciencia hablan de la soledad que encuentran en la cima. Solo ellos como ninguno son responsables de la vida y de la muerte de millones. Nadie más es tan perseguido por aduladores, curiosos y enemigos que les arrebatan el poder compartir cualquier compañía íntima. Pero no solo es esta la soledad que hoy atrapa al presidente Lasso.

A Guillermo Lasso, como presidente, no le sobran amigos. En su marcha por el poder, que todavía no llega a su primer año, ha ido perdiendo a compañeros de camino a cada paso. Incluso antes de entrar a la pista, sin haber sido posesionado, ya había cortado lazos con el PSC que lo acompañó en la carrera electoral.

Al comienzo parecía que solo había cambiado a unos amigos por otros, pero eso tampoco duró. Nunca logró consolidar una auténtica mayoría con PK ni con la ID, y si estuvo cerca de hacerlo terminó por despreciarla. Cuando pudo haber mostrado que había un mecanismo de consenso viable en la Asamblea, desestimó las propuestas de sus supuestos aliados y terminó por pasar la versión original de su reforma tributaria por el ministerio de la ley.

Mientras tanto, las grietas fueron creciendo entre los bloques despreciados. Sin nada que traer a la mesa para justificar su cercanía con el Gobierno, y con el fantasma del cogobierno acechándolos, sus propios amigos se han empezado a quedar sin amigos. Presionado desde adentro y desde el movimiento indígena, PK se partió en dos, perdiendo cuadros claves entre sus filas. La ID, que hasta ahora había evitado mostrar ese nivel de resquebrajamiento, empieza a dar señales preocupantes. Y ambos se perfilan cautelosos ante las elecciones que vienen.

Afuera de la Asamblea las cosas no pintan mejor. La clase media y el empresariado empiezan a sentir los efectos de la reforma solitaria. Conservadores y progresistas esperan con furia paciente la decisión final sobre el veto al aborto por violación. La ciudadanía que votó para vencer a la crisis económica y sanitaria pasa de esperar a desesperar.

El camino todavía es largo. Si el presidente se queda más solo, puede terminar siendo agonizante.