La hija oscura, la mujer y su más pura intimidad

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La hija oscura, la mujer y su más pura intimidad

Con un absoluto dominio del lenguaje cinematográfico, Maggie Gyllenhaal hace un llamado a la compasión y la verdad.

La hija oscura
Escena de 'La hija oscura'Netflix

Sola, en unas vacaciones junto al mar, en Grecia, Leda (Olivia Colman) se sorprende al ver a Nina (Dakota Johnson), una joven madre y su pequeña hija compartiendo la playa con su estridente y amenazante familia. Pero lo que más afecta a Leda es el despertar de sus propios y abrumadores recuerdos, los vividos en su juventud, donde fue presa del terror, la inseguridad y un matrimonio disfuncional, inclusive de los que fue su juvenil maternidad. 

Esa confusión la llevó a decisiones erradas. En el balneario vive Lyle (Ed Harris), estadounidense expatriado que cuida del lugar y es su mejor consejero.

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Extraño filme que se beneficia de la astuta dirección y guion de Maggie Gyllenhaal (basado en la novela de Elena Ferrante) y, más que nada, porque la convierte en un estudio implacable del ser humano y sus pasiones. Cuando Leda revive su ayer quedamos sorprendidos de su pasión sexual, de la forma en la que lleva su matrimonio y la actitud que toma sobre sus propias hijas. Todo esto le sirve a la directora para enfrentar y dejar bien en claro su absoluto control del lenguaje cinematográfico.

La sensualidad de Nina es su espejo y la calma de Lyle revive su presente. La obsesión que siente por la pequeña conforman también las reminiscencias de aquel pasado, de acción y reacción.

'La hija oscura' (Netflix) es, decididamente, para adultos pues analiza la maternidad, no bajo el cristal de ‘madre buena, madre mala’, sino la realidad que atañe a determinadas féminas. Aquí es una intimidad pura, como si de pronto alguien conociese el secreto que una mujer lleva en su alma… hasta abarcar un posible terror psicológico. Por ello el argumento juega malabares con el espectador, pues salta entre el pasado y el presente basándose en su confianza narrativa y el gran estilo técnico impuesto por la Gyllenhaal. La cual, además, jamás juzga a los personajes… simplemente los expone para que el espectador tenga su propio juicio y pueda comprenderlas.

El filme es también un llamado a la compasión, a la verdad… hasta convertirse en una de las mejores películas del año, nominada a los premios Óscar.

Las actuaciones son impecables y más aún: los intérpretes se unen a un argumento complejo y lo hacen con tal verismo que no son labores histriónicas sino seres humanos fotografiados sin saberlo.

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Olivia Colman, hace que su rostro tiemble sutilmente y, a momentos, no sabemos si va a llorar, reír o mostrar nuevas emociones. Imponiendo su talento está Jessie Buckley personificando a Leda en su juventud. No importa que físicamente no se parezcan, pero ella es el personaje en su juventud: Enamorada, amante irracional, madre cuestionable pero creando la imagen futura de lo que será en su edad adulta. Ed Harris, como siempre, da a su rol ese aire de tranquilidad espiritual, del hombre de mundo que lo ha visto todo.

No es una película fácil de ver: es intrincada, merece la atención del espectador en todo momento, pero si la ve… tendrá la sensación de haber descubierto el alma de la mujer y eso solo pudo hacerlo León Tolstoy en su Ana Karenina.

Nota al margen. La nominación a los Premios de la Academia para Olivia Colman (mejor actriz) y Jessie Buckley (actriz de reparto) dan cuenta de lo soberbio de sus actuaciones.

  • Calificación: * * * * *