Un gran semillero para el arte

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Un gran semillero para el arte

En el 2006 el Teatro Centro de Arte inició su programa social. Cada año beca a 150 niños

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Ballet. Salma Santana y María José Barreiro son parte del programa que promueve la Fundación Sociedad Femenina de Cultura.JUAN FAUSTOS SANDOVAL / Expreso

A los 9 años, Manuel Cobos Villamar miraba hacia el futuro y se veía como un médico veterinario. Hasta que cierto día se cruzó en su camino una brigada del programa social Semilleros, de la Fundación Sociedad Femenina de Cultura, que llegó hasta su escuela, la fiscal Oriente Ecuatoriano, para promocionar entre los alumnos de entre 7 y 14 años la posibilidad de que estudien de manera gratuita una actividad artística.

Tras 22 años, el camino recorrido por Manuel ya implica una serie de decisiones vinculada con su consolidación artística. Tras terminar los dos años que duró su preparación en las salas del Teatro Centro de Arte (TCA), ingresó al Conservatorio Nacional de Música ‘Antonio Neumane’, del que ya egresó, para cursar una licenciatura en la Universidad de las Artes, también en música.

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Artes. Manuel Cobos quería ser veterinario. Hoy es un gran músico.JUAN FAUSTOS SANDOVAL / Expreso

“Creo que luego de terminar toda mi preparación profesional en la música quisiera cumplir ese sueño de ser médico veterinario, pero por ahora, la música me llena plenamente”, agrega este joven guayaquileño, quien es parte de ese grupo de 1.000 niños y jóvenes que desde hace 16 años pasaron por los salones del TCA, formándose en disciplinas como ballet, danza folclórica, música folclórica, teatro y pintura. Próximamente se incorporarán clases de canto.

EL PROGRAMASemilleros busca guiar al estudiante en el camino de las artes, ayudando en su formación artística y humana, teniendo así una mejor preparación cultural, física, psicomotriz y musical y al mismo tiempo a contribuir, dándoles una excelente formación integral, que es lo que propone la psicología y pedagogía moderna.

“Es un programa de iniciación, pero con esos conocimientos muchos de nuestros alumnos pudieron ingresar al Conservatorio Nacional de Música”, asegura José Manners, director de las escuelas del TCA, quien alega que son varios los casos de éxito relacionados con los jóvenes que pasaron por Semilleros. Uno de estos es el de María José Barreiro, de 18 años, quien tras cumplir su preparación de cinco años se volvió una de las instructoras del programa. “Siempre soñé con el ballet y aunque he logrado mucho, aspiro a tener mi propia academia”.

El semillero funciona entre las 09:00 a 11:00 e instruye de manera gratuita a niños y jóvenes que no pueden acceder a las escuelas de arte pagadas de la ciudad. “Cada año capacitamos a 150 muchachos”, agrega Manners.

Gracias a la ayuda del programa Semilleros estudiantes como Doménica Bourne, de 25 años, quien realizó sus estudios en el área de ballet y los culminó en 2012, pudo recibir una beca en la Escuela de Ballet 'Inge Bruckmann'. Luego de terminar sus estudios fue maestra de ballet en el Teatro Centro de Arte durante tres años. En la actualidad se encuentra creando un proyecto propio para abrir una academia de danza y compartir sus conocimientos a más personas apasionadas con el arte del ballet.

Pienso que este tipo de programas ayudan a los niños y jóvenes a amar el arte y hacen posible que el estudio del mismo sea para todos y no exclusivo. Es una oportunidad única que no se da varias veces en la vida, hay que aprovecharla.

Doménica Bourne,
​exalumna de Semilleros

De la misma manera Alfredo Muñoz, de 20 años, estudió música y teatro en Semilleros, no obstante, después culminar sus estudios en 2016 quiso seguir fortaleciendo sus conocimientos en la música tradicional en el conservatorio 'María Callas', en donde se graduó. Con el objetivo de poder continuar aprendiendo sobre el arte se encuentra estudiando en la Universidad de las Artes, en la especialidad de Artes Sonoras. “El estudiar en el Programa Social Semilleros ha sido muy motivador para mí, sin duda lo aprendido en los talleres de teatro y música, ayudaron a mi formación escénica, permitiendo entre muchos aspectos poder conectarme con el público y perder el miedo escénico que todos los artistas sentimos al comienzo”, asegura Muñoz.