Corazones malheridos, un drama romántico que no alcanza la excelencia

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Corazones malheridos, un drama romántico que no alcanza la excelencia

Aunque, a las finales, resulte agradable, fresca y entretenida, la cinta que propone Netflix carece de pasión y del ardor que genera la vida.

Corazones malheridos, cinta de Netflix
La tragedia hace que la falsa relación entre Cassie, aspirante a músico, y Luke, un marine que está a punto de irse a Irak, se transforme en algo muy real.Instagram.

Cassie Salazar (Sofía Carson) imagina convertirse en una gran estrella de la canción, la beneficia el hecho que también es letrista y compositora. Trabaja de mesera en un salón de baile, donde la dejan cantar. Su amiga Nora (Kat Cunning), guitarrista del grupo, la protege.

Una noche se topa con Frankie (Chosen Jacobs), un infante de marina coadjutor de su adolescencia. Junto a ese grupo está Luke Morrow (Nicholas Galitzine), marino que se entusiasma con ella. 

Pero las cosas no se dan y cierto día la muchacha enfrenta apuros económicos, pues no logra adquirir las medicinas que su diabetes reclama. A su vez, Luke tiene una deuda compleja. Hay una solución: casarse -aunque indebido el gesto- y permitirse los ingresos que otorga la Marina. Con esto remediarán trabas. Los marines partirán a Irak y el relato girará en forma inesperada.

En la historia del cine, el drama romántico fue uno de sus grandes capítulos. Para los tatarabuelos estuvieron las películas de Greta Garbo (especialmente 'La dama de las camelias'), para los bisabuelos 'El puente de Waterloo' (con Vivien Leigh), para los abuelos 'Angustia de un querer', con Jennifer Jones, y para el reciente ayer… 'Los puentes de Madison' (con Meryl Streep).

Hoy, a través de Netflix, llega 'Corazones malheridos', filme que pretende alcanzarlos y se queda en el intento. No por su argumento, sino por la falta de química entre la Carson y Galitzine, pues en el campo actoral no les va mal.

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Sofía, nacida en Barranquilla, de padres colombianos y figura importante en los talleres Disney, tiene el talento necesario para actuar, cantar y componer algunas de las canciones que el largometraje ostenta. Igual sucede con Nicholas. ¿Entonces? 

La culpa recae en la dirección que le asigna Elizabeth Allen Rosembaun: en vez de inyectarle pasión, le impone frialdad y por ello la trama queda floja aunque, a las finales, resulte agradable, fresca y entretenida, pero… le hace falta ese ardor que genera la vida.

La fotografía adquiere los tonos, los colores, del cine actual: azules-verdosos para vestuario y objetos. Luego afloran rostros llenos de luces o agarrados por el sol, como sucede con la serie Ozark.

La música, atrapada en su modernismo, cumple su misión pero mejor están sus letras, ‘poemas’ de la generación actual.

Los exteriores llegan a la perfección: San Diego (California), la secuencia en el famoso Hollywood Bowl y la visión fugaz del Hotel Roosevelt, donde se realizase la primera entrega de los premios Óscar, allá por 1929.

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Sobresale el drama familiar: la relación padre-hijo, hermanos y la clara demostración de lo que es la amistad. Sin olvidar, por supuesto, al narcotráfico y sus errabundos.

Pero lo mejor de todo es la simpleza de su narrativa: nada es complicado, todo se va resolviendo en forma clara, precisa y nada queda fuera de lugar. En otras palabras, es igual que beberse un vaso de agua teniendo sed.

  • Calificación: * * *