Aníbal Leguizamón, una muralla que se derrumba por el amor de sus hijas

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Aníbal Leguizamón, una muralla que se derrumba por el amor de sus hijas

El zaguero central de Emelec es firme en la cancha, pero cuando se pone la camiseta de padre se rinde ante sus dos amores: Lucía y Delfina

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Para Aníbal Leguizamón, su familia es el refugio ante los momentos deportivos. Su esposa, Rocío, es un pilar.Carlos Kingler / Expreso

'Yo soy tu padre' es el especial digital preparado por EXPRESO en el Día del Padre para reconocer la figura paterna dentro de la familia y abordar cómo este rol ha ido evolucionando con el tiempo, compaginándolo con las áreas que escogieron para sus vidas: desde la política, el deporte y el emprendimiento, hasta la música.

Aníbal Leguizamón, defensor argentino que ha vestido la divisa del Bombillo desde la temporada 2019, ha tenido que verse las caras con delanteros poderosos a nivel local e internacional, desde Rodrigo Aguirre hasta Gabigol, Ronny y el Loco Álvez. Su firmeza en la zaga y su calidad para salir jugando lo han hecho merecedor de un contrato a largo plazo con Emelec, pero lo cierto es que cuando cruza la puerta de su hogar, dos nenas lo superan fácilmente con regates llenos de besos, desmarques con travesuras y unos abrazos que lo desentienden de cualquier situación en su alrededor. 

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Ser padre para Leguizamón es la mayor bendición y reto que llegó a su vida, sobre todo porque fue en un momento de incertidumbre en su carrera. Cuando estaba por nacer su primer hija, Lucía, no todo fue como se lo imaginó, sin embargo, ese amor, que estaba escrito en piedra, iba a brillar con mayor fuerza.

"En 2014, tenía 21 años y por circunstancias de la vida me tocó estar lejos de mi familia. Estaba en Paraguay tratando de conseguir club y unos días antes de que Lucía nazca, cobré mi primer sueldo y gracias a Dios se lo pude enviar a mi esposa que estaba en Argentina. La verdad es que fue la noticia más linda de mi vida. Me dolió mucho estar lejos cuando nació, uno planea o imagina ciertas cosas que no terminan sucediendo, pero hay que vivir el día a día y disfrutar el presente", cuenta el zaguero del Bombillo.

Es precisamente Luci, como le dicen en casa, quien toma la batuta de la conversación y habla de su padre como el "divertido", pero sobre todo "un buen hombre", con quien comparte desde jugar Play Station, ver películas juntos en el cine hasta leer la biblia infantil antes de dormir.

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"Mi papá es muy divertido, siempre jugamos y cada vez que tiene libre trata de estar con nosotras y la verdad que a mí me pone muy contenta que se esfuerce mucho. Lo veo como un buen hombre. Lo veo como alguien profesional, una persona sencilla. A veces jugamos un juego de la Play, y es muy divertido. Nos encanta", dijo la nena de 8 años.

Y fue precisamente ese sacrificio por buscar sus sueños, que resalta su hija, el que muchas veces lo ha privado de compartir momentos importantes con su familia. Cumpleaños, nacimientos, eventos de condecoración. Pero ha logrado que esos pequeños detalles tengan una carga emocional invalorable cuando se pueden dar, como hace poco cuando premiaron a Lucía en su escuelita por sus notables calificaciones en el cuadro de oro.

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El defensor del Bombillo disfruta los momentos libres con sus hijas en el parque.Carlos Kingler / Expreso

"Ella no sabía, era todo sorpresa porque ella (Lucía) me lo venía preguntando hace semanas, si iba a poder llegar. Le comenté a mi esposa y le dije que le hagamos algo sorpresa, le pedí que me compre un ramo de rosas bien lindas. Salí de entrenar y pude llegar. Al verla ingresar a ella, y vernos mutuamente cara a cara fue algo único que va a quedar grabado en mi corazón, porque para mí esos son los momentos más importantes de la vida, los que ellas siempre van a recordar y yo voy a recordar. Ser un padre presente, estar en los mejores momentos de su vida y los no tan buenos. Para apoyarla siempre, yo desde la tribuna del colegio como ella siempre a mí desde la cancha, fue muy gratificante para mí. Me llenó de orgullo, esfuerzo y valentía", expresó mientras cruzaba miradas y sonrisas con Lucía.

A la hora de contar su parte de la historia, la nena mayor de la casa no ocultó su nostalgia al recordar ese lindo episodio. "Me sentí muy feliz porque unos días antes le dije a una amiga que mi papá no iba a poder estar y ella al parecer le contó a su mamá. Y su mamá se vio con mi papá antes de entrar al evento y le dijo. Cuando ya estaba por entrar, me puse a llorar y justo estaba en la tercera fila, casi al filo, estábamos cerca de mi papá, nos dijimos unas cositas, me puse muy feliz y muy contenta".

Leguizamón sabe que no siempre puede estar junto a ellas, pero cuando puede lo hace notar, sobre todo, para protegerlas, como en una de sus clases danza. "La última vez me enojé, retomó (las clases) y se cayó un par de veces y los profesores estaban como en otra cosa. Los padres no podemos ingresar pero estaba viendo todo. Entonces cuando se vuelve a caer y veo que nadie la ayuda, ingresé y les dije 'mire señorita se puede fijar en mi hija por favor que se acaba de lastimar, le puede prestar un poco más de atención a los chicos', sí me calenté", dijo entre risas junto a Lucía.

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Aníbal y Lucía comparten un sinfín de actividades, desde jugar Play Station hasta leer juntos por las noches.Carlos Kingler / Expreso

Pero si hay una pieza fundamental para que Leguizamón pueda ser el padre que es para sus hijas, es su esposa y amiga: Rocío Camisay. "Soy un bendecido por tener la esposa que tengo, estamos juntos desde los 16 años. Valoramos mucho el camino recorrido y ese camino es el que hoy nos permite tener la capacidad de disfrutar y emocionarnos con muchas cosas que vivimos. Somos personas muy sensibles y tenemos presente por todo lo que hemos luchado codo a codo para poder brindarle lo mejor a nuestras hijos, y no lo mejor en cuanto a lo material, sino calidad humana brindarle las herramientas para que sigan creciendo en la vida", explica.

De hecho, Rocío lo tilda de "compinche" de sus hijas porque "a veces me hace quedar como la mala" por tratar de "darles lo que piden". A la par, Aníbal ríe y ve como la más pequeña de la casa, Delfina, de apenas 2 años, tiene a la mamá del hogar corriendo por todo el borde de la piscina.

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Pero desde la mesa donde se entablaba la charla, Lucía le servía un mate a su "pa", quien también le regala unas palabras a su principal ejemplo en este duro trabajo que es ser padre.

"La verdad que mi papá es excelente, ha venido algunas veces acá a Ecuador. Estuvo para la final el año pasado. Mi padre siempre fue muy presente, muy atento, y soy muy consciente y agradezco a Dios por la familia que tengo. Los valores, los principios de chico. A veces uno no entiende muchas cosas cuando nos ponen límites, pero con el tiempo sabes que es lo mejor para uno. Trato de implementar muchas cosas en el día a día que él me ha enseñado con mi madre y admiro los valores que me han dado y el amor y cariño fundamental de estar siempre presente, inculcarme el respeto, ser una persona digna y esforzada", suma.

Enfatiza en que "estoy seguro que sin ellos no hubiera podido conseguir nada en la vida. El apoyo que me han dado todos, mis papás, hermanos y esposa, es muy importante. Si tengo que volver a pasar por todo lo que pase en el camino del futbol, sin ellos, nada de esto fuera posible".

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Aníbal, según su esposa Rocío, es el compinche de Lucía (i) y Delfina (d).Carlos Kingler / Expreso
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Al preguntarle a ambos, Aníbal y Rocío, si están en busca del tercer Leguizamón, además de reír, responden tajantes y sin dubitar. "Por el momento no, por ahora estamos disfrutando de las dos niñas. Sinceramente, como todo hombre deseo un varón, pero ella (Rocío) se merece su tiempo de estudiar, de poder crecer, acá no solo soy yo, acá somos un equipo y ella también tiene sus deseos, sus sueños. Creo que es el tiempo de ella, que pueda dedicarse a ella misma, estudiar la carrera que estaba realizando (Psicopedagogía), poder cumplir su sueño y ayudarla como esposo, así como ella me ha ayudado a mí".

El ocaso se empieza a asentar. Lucía debe ir a alistarse para dormir, mañana tiene clases, y Delfina, la más traviesa de este hogar, pasea a su mascota de camino a casa. Aníbal deja una última reflexión, se siente un bendecido por cumplir su sueño, pero admite que "lo primero es ser buena persona, lo más importante es ser un buen padre, un buen hijo, un buen esposo, eso te lleva hacer bien las cosas para Dios y para la familia".