Desde el más gruñón al más dócil: así es mi papá y lo amo.

  Buenavida

Desde el más gruñón al más dócil: así es mi papá y lo amo.

¿Autoritario o permisivo?¿con cuál identifica al suyo?

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Sin importar el tipo de papá todos buscan lo mejor para sus hijos.Shutterstock

Faltan pocos días para celebrar al rey del hogar, a aquel que un día, sin saber cómo empezar y sin un manual de instrucciones que utilizar, ‘hizo de tripas corazón’ y aceptó el reto más difícil que la vida le puso: ser papá.

Y en ese camino son pocos los que saben a ciencia cierta qué hacer y se guían más por el instinto, junto con miles de consejos de familiares y amigos, abriéndose paso en la tarea de la paternidad.

En esta misión, en la que está permitido a veces fallar, existen distintos tipos de valientes héroes que, sin importar cómo ni cuándo, siempre buscarán lo mejor para sus pequeños. Sí, pequeños, porque aunque tengamos 30 o 40 años, para ellos siempre seremos esos niños chiquitos a quienes querrán proteger.

Y para honrarlos en su día, hacemos un repaso en la memoria para recordar algunas de sus cualidades más entrañables.

El Superman

El sobreprotector, el cariñoso y el que procura tener una buena comunicación, aunque posee un grado de exigencia alto y le gusta sermonear. A él le narramos nuestros mayores logros porque ser su orgullo es primordial.

El ‘pan de dulce’

Es el más cariñoso, relajado, permisivo y el autor de la frase “mejor pregúntale a tu mamá”. Aquel con quien luego de un mal día podremos acurrucarnos sin importar la edad que tengamos. El que no nos va a juzgar y siempre sabrá qué decir.

El mejor amigo

El juguetón, al que le encanta el deporte, es confidente y ‘acolitador’, con gran sentido del humor; aquel que también resulta regañado por mamá por quedarse jugando en la computadora hasta altas horas de la noche. Ese a quien corremos a contarle cualquier cosa porque siempre nos va a escuchar.

El gruñón

El estricto, que suele enfadarse a menudo, es poco flexible y no es cariñoso de forma convencional. Sin embargo, es el que nos enseña a ser disciplinados, fuertes, a seguir reglas y ser exigentes con nosotros mismos. Aquel al que buscamos cuando tenemos graves problemas que requieren decisiones importantes.

¿Y el ausente?

Es el adicto al trabajo, el que no puede dejar de usar su teléfono aun cuando es la hora de la cena. Aquel cuya prioridad es laborar lo más duro posible para mantener económicamente a su familia y olvida pasar tiempo de calidad con sus hijos.

A pesar de que el dinero es un aspecto importante para satisfacer las necesidades básicas de los niños, los expertos dicen que este es un modelo que debe evitarse, ya que cuando existen padres ausentes, se forman hijos vacíos.

“Un niño chiquito necesita el acompañamiento de su papá para poder sentirse seguro y crecer en un ambiente sano”, señala Alejandra Vallejo, especialista en psicopedagogía y orientación educativa familiar.

A medida que crece el niño, según la psicóloga, el padre lo protege de otras maneras, siempre vinculadas a su proceso evolutivo. “Él ayuda estableciendo rutinas y hábitos con los que los hijos van también desarrollando habilidades sociales”, puntualiza.

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Un padre ausente puede estar físicamente junto al niño y este no se sentirá acompañado PIXABAY

La presencia de la figura paterna

La familia, de acuerdo con la psicóloga Ruth Arteaga, es el ámbito más influyente en el desarrollo cognoscitivo, mental, emocional y social del infante. “Desde antes del nacimiento, el niño ya existe, está inmerso en los significantes de los padres, la familia y la cultura”.

A criterio de la experta, los progenitores juegan un papel fundamental en la construcción y desarrollo del mundo de los objetos, las imágenes y el lenguaje que percibe el niño en sus primeros años de vida. Y por esta razón, tanto papá como mamá deben trabajar en “equipo” para ser ese soporte y compañía durante ese proceso.

“Un padre deseoso, comprometido, responsable y presente puede ofrecer afecto, cercanía, apoyo, disponibilidad, confianza, disciplina, respeto, entre otros”, destaca Arteaga.

Además, enseña límites, autonomía e independencia, lo que favorece una construcción y un desarrollo sano de la personalidad. 

Si un padre no tiene la fortuna de vivir con sus hijos, debe entender, aceptar y trabajar para que la relación con ellos se construya, se sostenga y se nutra a través del tiempo

Ruth Arteaga, psicóloga.

¿Padres perfectos?

Es importante recordar que una paternidad no tiene que ser perfecta para ser buena y que, como muchas cosas en la vida, lo mejor es mantener un equilibrio. Y aunque a veces sean en extremo autoritarios o en exceso permisivos, no debemos olvidar que los papás también fueron hijos y aunque se equivoquen, hacen lo mejor que pueden con las herramientas que tienen. Y siempre estarán ahí para guiar y dar apoyo y amor a sus hijos de la forma en que ellos lo han aprendido.