La masacre que quebró a una comunidad indígena en Colombia

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La masacre que quebró a una comunidad indígena en Colombia

El Pueblo Awá  ha sufrido cuatro ataques desde el 2016.  Los grupos armados meten miedo por la disputa de territorio

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Los indígenas awá de Colombia defienden su territorio de los diferentes grupos armados. Ernesto Guzmán / .EFE

El jueves pasado Juan Orlando Moreano hubiera cumplido 35 años. En el resguardo indígena awá de Inda Sabaleta, Colombia, de donde era gobernador suplente, no hay velas -ni siquiera fúnebres-, quienes lo conocieron solo reivindican que perviva su legado de lucha por la supervivencia de un pueblo indígena.

Moreano fue asesinado el pasado 3 de julio, junto a su sobrino Carlos José García y a John Faver Nastacuas, por el grupo criminal ‘Los contadores’, en una masacre que ha partido el alma a este resguardo indígena situado a pocos kilómetros de Tumaco, en el suroeste de Colombia.

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“Yo saldría a denunciar con nombres y apellidos, a decir lo que pasó, si no tuviera familia”, dice uno de los familiares de Moreano. Después de que los asesinaran viven amenazados; a la esposa de Carlos, incluso, la sacaron de la casa, la amedrentaron, grabaron un video para que todo el mundo lo viera y ha tenido que huir con su hija.

Sus amigos y sus compañeros de la guardia indígena, de la que fue coordinador durante seis años, presentían que a Orlando lo iban a matar y lo acompañaban a todos lados. Estaba amenazado desde hace tiempo y lo escoltaba un esquema de seguridad de la Unidad Nacional de Protección que incluía a su sobrino. Sin embargo, ese día ‘se confiaron’. Él estaba en una reunión dentro del resguardo con un centenar de personas, incluidos niños y mayores, donde abordaban por enésima vez la situación de seguridad. ‘Los contadores’ habían matado a un indígena la noche anterior.

Él no se amedrentaba, “él reclamaba de frente”, recuerdan quienes lo conocían y este grupo que, según la Defensoría del Pueblo, está asociado a carteles mexicanos y se dedica al narcotráfico, a la extorsión y a manejar los cultivos de coca que pintan el paisaje de esta zona, lo tenía en el punto de mira.

Cuando salía de la reunión, en la vía principal a pocos metros después de entrar al resguardo, alguien lo llamó. Él se giró y una persona a la que llaman “Marihuano”, de ese grupo criminal, le pegó varios tiros y lo dejó tirado en el suelo.

Dayana Bisbicus, la consejera de Educación de la Unidad Nacional Indígena del Pueblo Awá (Unipa), dice “nosotros podemos seguir perviviendo como pueblo awá y seguir fuertes frente a las adversidades”.

Ella fue compañera de Orlando y le brillan los ojos de admiración cuando habla de él. Conoció a los asesinados en una formación que tuvieron de jóvenes, donde aprendieron su identidad, lo que les unió en el camino de trabajar por su pueblo. Porque no es la primera vez que el pueblo awá sufre un golpe así. Desde el acuerdo de paz, la Unipa ha reportado 98 homicidios y cuatro masacres. Alrededor del resguardo dicen los indígenas que operan 28 grupos armados. A cada rato cambian de nombre, a cada rato cambian de zona de control. Y ellos han quedado en medio de los disparos.